Pues Michelle Thomas... sentimos que te hayan llamado gorda a la cara, que eso es muy feo. No es que te hayan llamado "gorda", es que lo han saboreado diciéndotelo. Regalito que no te esperabas. El del señor de Tinder envuelto con lacitos de empatía, y el tuyo con celofán de carne. Michelle. Es que aquí ya tenemos los huevos muy pelaos. Y conocemos el otro lado. Somos los vampiros anónimos del otro lado. Los fantasmillas inquietantes del vacío y ninguneo que cruzan el plano de la pantalla. Somos la niña de la curva de la expeditiva e inexpicable espantá, los zombis sufridores del cándido exonerante "si yo sólo le he dicho que limpie el baño... nada más...", del exabrupto touretiano, los que abren las cortinas touretianamente.
Sí. El señor del Tinder te tenía ganas. Como tú bien reconoces, Michelle, te quería bajar los humos. ¿Qúe humos?. ¿Porqué?. Cuenta la conversación, el cuerpo de la cita. Venga Michelle, cuéntalo todo. ¿Sólo siendo encantadora, amable y divertida, te regalan un gorda?. Te lo han recordado. Vaya. ¿Si es baladí serlo por que te retuerces en engañosos selfis?.
